Un paseo por el corazón de la ciudad medieval

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Esta semana que las XVI Jornadas Gastronómicas se encuentran en Restaurante Zeitum, proponemos un paseo por los alrededores, por el barrio de San Pablo, que es el corazón de la ciudad medieval.

Resulta un gozada caminar por la plaza Primero de Mayo o Paseo del Mercado y por las antiguas parroquias de San Pablo y Santo Tomás, dos de los barrios donde de una manera más clara se pueden apreciar las características de un trazado urbano medieval bien conservado hasta nuestros días y sin cambios sustanciales. La impronta de la herencia hispanomusulmana se manifiesta en una estructura que tiene como base pequeñas manzanas irregulares y un entramado de calles estrechas y callejones a veces laberínticos. No en vano estas dos parroquias contaron con el mayor porcentaje de población morisca que habitó en toda la ciudad, hasta su expulsión definitiva de la península decretada por Felipe III en 1609.

Son abundantes las casas solariegas, levantadas a partir del siglo XV, identificadas por sus fachadas labradas en piedra, en las que aparece habitualmente el escudo de armas de sus fundadores. El antiguo barrio de Santo Tomás, aún siendo el de menor extensión del recinto intramuros, presenta proporcionalmente el mayor número de edificios del siglo XVI de todo el centro histórico.

Plaza Primero de Mayo

La plaza Primero de Mayo constituye uno de los espacios de más honda significación en la vida civil de la ciudad, por ser el marco donde históricamente han transcurrido todos los acontecimientos de carácter público. Aquí había gran número de tiendas y se celebraba el mercado semanal, y probablemente en este mismo lugar estuvo situada la alcaicería o mercado público de la ciudad hispanomusulmana. De ahí que a esta plaza se la conozca popularmente como Paseo del Mercado.

Ligadas a la actividad mercantil estaban también las escribanías, lugares donde los escribanos daban fe y legalizaban las transacciones comerciales acordadas en las inmediaciones. Igualmente se desarrollaban en esta plaza los juegos de toros y cañas, las elecciones a cabildo, los actos conmemorativos de cualquier índole y los ajusticiamientos públicos, en el patíbulo instalado a tal efecto.La plaza toda estuvo provista de soportales, de los que aún queda algún tramo, hasta que en el pasado siglo fue reformada adoptando el aspecto actual, con edificaciones homogéneas de estrecha fachada a tres alturas. En el centro se encuentra un monumento a San Juan de la Cruz, obra de Francisco Palma Burgos.

Convento de San Miguel

Bajo la advocación de San Miguel, patrón de la ciudad, se funda en el año 1587 el convento de Carmelitas Descalzos, fruto del impulso que recibirá la Orden del Carmelo de manos de Santa Teresa de Jesús, quien inicia en Ávila la reforma de esta Orden, primero entre las monjas carmelitas -1562- y después entre los frailes. Será el 28 de septiembre de 1591 cuando llegue al mismo, muy enfermo, el Padre fray Juan de la Cruz, quien morirá aquí la madrugada del 14 de diciembre de ese mismo año.

El convento alberga un oratorio y un museo dedicados al Santo. La actual iglesia, de corte neoclásico, se levantó en el siglo XIX, sustituyendo a la primitiva, que databa del siglo XVII.

Museo y Oratorio de San Juan de la Cruz

Desde 1978 el Convento de San Miguel cuenta con un museo, donde, con un carácter ambiental, se exponen distintos objetos relacionados con la vida y obra de San Juan de la Cruz. Igualmente, el Convento cuenta con una Biblioteca Sanjuanista en la que se recogen todas las publicaciones relacionadas con el Santo, así como primeras ediciones de su obra.

Adosado al convento de San Miguel, se construyó en 1627 el oratorio para albergar el sepulcro del Santo, siendo el primer templo del mundo católico edificado en su honor. El oratorio, de una sola nave, consta de un pequeño coro alto que ocupa el lugar donde estuvo la celda en la que murió San Juan y en el que se levantó un templete que alberga sus reliquias. El templo está rematado con una cabecera octogonal cubierta por un retablo barroco, todo ello coronado por una talla del ‘Cristo de los cuatro clavos’, imagen románico-gótica del siglo XIII. Una imagen de San Juan, de la escuela valenciana, preside el retablo, mientras que a ambos lados aparecen San Elías y Santa Teresa.

En la rotonda donde estuvo la primitiva sepultura, antes del traslado de los restos a Segovia, hay una escultura yacente del Santo y cuatro frescos alegóricos a su literatura, obra del artista malagueño Francisco Palma Burgos, muy vinculado a la ciudad de Úbeda.

Antiguo Convento de San Andrés

Durante este paseo también merece la pena contemplar lo que fue el Antiguo Convento de San Andrés, en el lugar que hoy ocupa el Instituto Francisco de los Cobos. Fundado en el siglo XV, sus frailes tenían por finalidad asistir espiritualmente a los condenados y proporcionarles cristiana sepultura, bien en el pórtico de su iglesia conventual, bien bajo los soportales que existían en la contigua calle de la Cárcel, hoy Juan Ruiz González. El convento fue demolido a mediados del siglo XX, conservándose tan sólo una portada, situada en la calle San Juan de la Cruz.

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