Paseo por el entorno del Hospital de Santiago

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Esta semana que las XVI Jornadas Gastronómicas en el Renacimiento se encuentran en el Asador de Santiago, proponemos un paseo por el entorno del Hospital de Santiago, germen histórico de la ciudad moderna situado fuera de la trama urbana del siglo XVI y actual epicentro de la actividad lúdico-cultural.

El edificio, considerado Monumento Nacional, se comienza a construir en 1562, si bien se interrumpe la obra hasta 1567, en que se reinicia de nuevo su construcción, que finaliza en 1575, según consta en una inscripción que hay en el testero de la escalera. Diego de los Cobos, obispo de Jaén y sobrino del célebre Francisco de los Cobos, lo mandó levantar siguiendo la costumbre familiar de edificar en Úbeda grandes construcciones, soporte de la fama y memoria de los promotores.

En esta obra predomina el carácter fundacional, que se deriva de los objetivos que el obispo establece en sus estatutos: obra benéfica, que comprendía la creación de un hospital al que dotaba de 50 camas para enfermos de bubas, aunque posteriormente, y debido a que esta enfermedad se extinguió, se dedicará a enfermos de todo tipo; fundación de una capilla, dotada con un capellán mayor, doce capellanes, un sacristán y cuatro acólitos; y realización de un panteón como sepulcro de Diego de los Cobos, compuesto por una cripta que se construyó en la capilla (donde permanece enterrado).

Estos planteamientos determinan la morfología del edificio, que es concebido como hospital-palacio, rompiendo así con la planta tradicional de los hospitales en cruz difundida por los Reyes Católicos. Sus antecedentes debemos buscarlos en el Hospital del Cardenal Tavera de Toledo, junto con el que forma la pieza clave de la renovación tipológica de la edilicia hospitalaria en España y América.

El Hospital de Santiago combina con gran autonomía espacios propiamente paganos y religiosos, a la vez que el sentido funcional del organismo benéfico con el carácter conmemorativo, en tanto que lugar de enterramiento del fundador. Se trata de una auténtica microurbanización, expresada en grandes masas de volúmenes geométricos y definida por los elementos emblemáticos de fachada con torres, patio central, capilla y escalera palacial. Y todo a través de la unidad externa y la autonomía interna en su funcionamiento.

Andrés de Vandelvira es el arquitecto que lo construye. La obra, con estudiada ausencia de ornamentación y de gran austeridad, contiene el mayor geometrismo y axialidad de toda su producción. Siendo una obra de gran magnitud y complejidad, le permite la experimentación arquitectónica en la que se deben articular distintos elementos, dando una solución brillante que supone la culminación de su estilo, y llegando a una gran depuración dentro del panorama de la última fase del Renacimiento, llamada Manierismo. Vandelvira, con esta obra, no sólo cierra su evolución estilística, sino que, en opinión de la crítica, también completa todo el ciclo arquitectónico de la Europa del siglo XVI.

El Hospital de Santiago mantuvo funciones hospitalarias hasta 1975. Actualmente es un centro cultural y multifuncional de gran importancia en la vida sociocultural de la provincia. Fue declarado Monumento Arquitectónico Histórico Nacional en 1917.

Plaza de toros

A escasos metros se encuentra la plaza de toros, que data del siglo XIX y es Bien de Interés Cultural. Situada en la calle Sagasta, se encuentra incorporada a la manzana que está frente al Hospital de Santiago, por lo que exteriormente no se aprecia su forma circular. Fue edificada sobre los terrenos que ocupaba el huerto del convento de San Nicasio, reutilizando los materiales de éste y de otro antiguo convento, que fue el de San Antonio.

Se inaugura en 1857, siendo una de las cinco primeras construidas en nuestro país. Tradicionalmente las corridas se venían celebrando en plazas y calles, hasta el siglo XIX, en que comenzaron a construirse en toda España las plazas de toros, adoptando cierta similitud por su planta circular y graderío con los anfiteatros romanos.

Esta obra, exponente de la arquitectura decimonónica en la ciudad, incorpora el uso del hierro fundido, propio de este siglo, en el balconaje corrido y barandillas, presentando interesantes remates de palcos y balconcillos. La plaza consta de dos pisos y una capacidad de 5.000 espectadores.

Destacan dos portadas: la de la Puerta Grande, adintelada y rematada con un escudo en el que se representa un lance taurino, y la del interior, que es del siglo XVI, quizás procedente del convento de San Nicasio.

Por esta plaza han pasado las primeras figuras del toreo. Aquí tomó la alternativa uno de los mejores toreros de toda la historia taurina, ‘Lagartijo’, el 29 de septiembre de 1864. Actualmente se celebran corridas en la Feria de San Miguel, entre los días 29 de septiembre y 4 de octubre. Y es también escenario de espectáculos musicales.

Calles Obispo Cobos y Mesones

Para rematar el paseo, se recomienda recorrer las calles Obispo Cobos y Mesones, que conforman en la actualidad la arteria comercial más importante de la ciudad. La calle Obispo Cobos, conocida popularmente como calle Nueva, se formó sobre un antiguo camino de entrada a la ciudad, conocido entonces como el ‘Camino viejo de Toledo’. Y la calle Mesones no es sino la unión de la puerta del antiguo recinto árabe, la Puerta de Toledo, con otra del recinto cristiano, hoy desaparecidas.

El nombre de esta última proviene de la gran cantidad de hospederías y mesones que hubo aquí hasta el siglo XIX. También se ubicaban en este eje varios conventos, como el desaparecido convento y hospital de pobres de Jesucristo de la Orden de San Juan de Dios, ubicado al inicio de la calle Nueva, frente al Convento de Nuestra Señora de la Victoria.

De este último aún hay restos. Fue fundado en el siglo XVI por el Conde de Santisteban del Puerto, Rodrigo de Benavides, y se encomendó a la orden de los mínimos de San Francisco de Paula. Suprimido en 1936, se instaló primero en él una posada y ha tenido posteriormente diferentes usos, siendo hoy la sede de la Agencia Tributaria en la ciudad.

Actualmente restaurado, de la antigua construcción sólo se conserva la fachada, levantada en el siglo XVII, y el claustro, con arcos de medio punto sobre columnas dóricas en el primer cuerpo, donde aparecen las armas de los Benavides y otros nobles, y vanos adintelados en su segundo piso.

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