Un paseo por la iglesia de la Trinidad y la calle Real

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Antes o después de disfrutar del menú preparado por Restaurante Antique, un buen plan puede consistir en visitar la iglesia de la Santísima Trinidad y la tradicional calle Real. Respecto a la primera, también el anexo convento, responde a reedificaciones de las primeras construcciones que sufren varios hundimientos desde el siglo XIV, siendo la iglesia uno de los escasos ejemplos de arquitectura barroca en la ciudad.

Hay que tener en cuenta que en Úbeda la presencia del Renacimiento y de la arquitectura de Andrés de Vandelvira será tan fuerte que los modelos arquitectónicos de esta época se utilizarán en la tradición constructiva local hasta el siglo XVIII, de forma que la concepción de esta iglesia, que sigue esquemas de un barroco puro (y que en opinión de los especialistas recuerda a las iglesias madrileñas del XVII) constituye, cuando menos, un novedoso y singular ejemplo.

En el exterior toda la ornamentación se concentra en las dos portadas, especialmente en la oeste, de arco abocinado, situada a los pies del templo. La decoración se organiza a base de grandes molduras y líneas quebradas de gran relieve, destacando las dos enormes volutas sobre las que se representa la Santísima Trinidad. La portada sur, precedida de una lonja en rampa, repite el esquema de molduras, aunque con menor relieve, alrededor de una hornacina con la representación de San Juan de Mata. En la esquina situada entre ambas portadas se levanta su gran torre campanario. De planta cuadrada, presenta esquema ochavado en su último cuerpo, siguiendo los modelos manieristas del siglo XVI.

De planta rectangular, el interior se estructura en tres naves, separadas por arcos de medio punto enmarcados por pilastras corintias. Sobre ellas se desarrolla un amplio entablamento cuya cornisa se quiebra violentamente para dar albergue en su moldura a los vanos superiores de las naves laterales. La bóveda, de cañón y lunetos, queda dividida por arcos fajones en cuatro espacios, decorados con estucos manieristas. Sobre el crucero, cúpula de media naranja gallonada sobre pechinas, conformando su moldura ocho espacios cóncavos de riquísima decoración escultórica y pictórica. Las columnas de tipo salomónico (con el fuste retorcido) que aparecen en las ventanas del crucero y en la puerta de acceso al claustro serán utilizadas aquí por primera vez en la arquitectura provincial.

Junto a la iglesia se encuentra el convento, que fue de la orden de los Padres Redentores Calzados y del cual se conservan dos claustros. El mayor fue levantado a fines del siglo XVI, repitiendo la misma estructura del típico patio palaciego renacentista con doble galería porticada. El segundo claustro conserva dos laterales, uno del siglo XVI y otro de comienzos del XIX. En la actualidad el edificio es sede de un colegio público. Existió un tercer claustro, demolido en la década de los años sesenta del siglo XX para la construcción del actual edificio de Correos y Telégrafos.

Desde allí, una buena opción es pasear por la calle Real, que ha sido históricamente un eje vital del comercio y del tránsito urbano. A través de esta calle se penetraba en el recinto intramuros. En su inicio (donde se encuentra la calle Doctor Quesada) presenta un trazado en recodo propio de los accesos musulmanes, pues aquí se ubicaba la Puerta de Toledo. Era la principal vía que comunicaba el núcleo de la medina árabe (que se situaba en el barrio de Santa María) con dicha puerta.

En esta calle se conservan interesantes casas del siglo XIX y principios del XX, que siguen las corrientes estilísticas de esta época: de tipo neomudéjar, historicista, etcétera. El Real era durante este periodo el lugar habitual de paseo de los ciudadanos. Actualmente mantiene un carácter de servicios (sobre todo hosteleros) y es la principal vía de acceso al centro histórico de la ciudad.

Merece un vistazo la antigua casa de la Compañía de Jesús, situada al comienzo de la calle Compañía. Fue edificada a principios del siglo XVII en el austero estilo contrarreformista. Se conserva una portada de ingreso, así como la fachada y el patio, hoy integrados en un establecimiento comercial. El edificio fue también sede desde 1847 del Antiguo Casino, conservándose en uno de los salones unas interesantes vidrieras modernistas.

 

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