Paseo por el Hospital de Santiago y la plaza de toros

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Estando en el Asador de Santiago, antes o después de disfrutar de su menú, merece la pena girar una visita al Hospital de Santiago, uno de los principales edificios monumentales de Úbeda convertido hoy en centro cultural y marco excepcional para eventos y congresos. Data del siglo XVI y es considerado Monumento Nacional.

Se comienza a construir en 1562, si bien se interrumpe la obra hasta 1567, en que se reinicia de nuevo su construcción, que finaliza en 1575, según consta en una inscripción que hay en el testero de la escalera. Don Diego de los Cobos, obispo de Jaén y sobrino del célebre Francisco de los Cobos, lo mandó levantar siguiendo la costumbre familiar de edificar en Úbeda grandes construcciones, soporte de la fama y memoria de los promotores.

El Hospital de Santiago combina con gran autonomía espacios propiamente paganos y religiosos, a la vez que mezcla el sentido funcional del organismo benéfico con el carácter conmemorativo, en tanto que es lugar de enterramiento del fundador. Se trata de una auténtica microurbanización, expresada en grandes masas de volúmenes geométricos y definida por los elementos emblemáticos de fachada con torres, patio central, capilla y escalera palacial. Y todo a través de la unidad externa y la autonomía interna en su funcionamiento.

Andrés de Vandelvira es el arquitecto que lo construye. La obra, con estudiada ausencia de ornamentación y de gran austeridad, contiene el mayor geometrismo y axialidad de toda su producción. Siendo una obra de gran magnitud y complejidad, le permite la experimentación arquitectónica en la que se deben articular distintos elementos, dando una solución brillante que supone la culminación de su estilo, y llegando a una gran depuración dentro del panorama de la última fase del Renacimiento, llamada Manierismo. Vandelvira, con esta obra, no sólo cierra su evolución estilística, sino que también completa todo el ciclo arquitectónico de la Europa del siglo XVI.

La planta se basa en modelos de la antigüedad clásica romana, a través de los tratados de Vitrubio que se manejaban en el siglo XVI. Parte de un patio central cuadrangular en cuyo eje se ubica un nuevo edificio abierto a éste, en este caso la capilla, que ocupa un lugar privilegiado y muestra de esta forma su magnificencia.

En el exterior, la ornamentación deja paso a la grandiosidad volumétrica del edificio, que queda conformado como un gran cuerpo perfilado por sus cuatro torres, para ser visto desde lejos. La fachada, elevada sobre una lonja, aparece como un gran telón. Está dividida en dos cuerpos por una ligera moldura, y los recorre una serie de ventanas, que en su origen eran de menor tamaño, agrandándose en el siglo XIX por motivos higiénicos.

Las grandiosas torres que limitan la fachada tienen un valor simbólico, no funcional, pues son macizas en su cuerpo superior, con unos recuadros rehundidos que suponen la abstracción de un cuerpo de campanas.

A través del patio se accede a la capilla mediante una triple arcada cubierta por una reja, diseñada por Vandelvira en 1573, siguiendo una modalidad propia de estos años de reja-puerta de gran solidez. Esta capilla ofrece gran originalidad debido a su planta en forma de ‘H’, con lo que adquiere importancia su abovedamiento, que determina en gran medida esta peculiar forma de planta.

Conectando con la iglesia, en el lado de la epístola, se sitúan dos piezas que merecen destacarse: la sacristía y la antesacristía, a las que se accede también directamente desde el patio. Ambos espacios están decorados con pinturas al fresco.

El Hospital de Santiago mantuvo funciones hospitalarias hasta 1975. Actualmente es un centro cultural y multifuncional de gran importancia en la vida sociocultural de la provincia. Fue declarado Monumento Arquitectónico Histórico Nacional en 1917.

 

Plaza de Toros

A pocos metros se encuentra la plaza de toros, del siglo XIX y declarada Bien de Interés Cultural. Está incorporada a la manzana que hay frente al Hospital de Santiago, por lo que exteriormente casi no se aprecia su forma circular. Fue edificada sobre los terrenos que ocupaba el huerto del convento de San Nicasio, reutilizando los materiales de éste y de otro antiguo convento, que fue el de San Antonio.

Se inaugura en 1857, siendo una de las cinco primeras construidas en nuestro país. Tradicionalmente las corridas se venían celebrando en plazas y calles, hasta el siglo XIX, en que comenzaron a construirse en toda España las plazas de toros, adoptando cierta similitud por su planta circular y graderío con los anfiteatros romanos.

Esta obra, exponente de la arquitectura decimonónica en la ciudad, incorpora el uso del hierro fundido, propio de este siglo, en el balconaje corrido y barandillas, presentando interesantes remates de palcos y balconcillos. La plaza consta de dos pisos y tiene una capacidad de 5.000 espectadores.

Destacan dos portadas: la de la Puerta Grande, adintelada y rematada con un escudo en el que se representa un lance taurino, y la del interior, que es del siglo XVI, quizá procedente del convento de San Nicasio.

Por esta plaza han pasado las primeras figuras del toreo. Aquí tomó la alternativa uno de los mejores toreros de toda la historia taurina, ‘Lagartijo’, el 29 de septiembre de 1864. Actualmente se celebran corridas en la Feria de San Miguel, entre los días 29 de septiembre y 4 de octubre.

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